El hombre de la paz
Para matar al hombre de la paz, tuvieron que desatar la guerra turbia.
Para vencer al hombre de la paz y acallar su voz modesta y taladrante, tuvieron que empujar el terror hasta el abismo, y matar más para seguir matando.
Para abatir al hombre de la paz, tuvieron que asesinarlo muchas veces, porque el hombre de la paz era una fortaleza.
Para matar al hombre de la paz tuvieron que imaginar que era una tropa, una armada, una hueste, una brigada…, tuvieron que creer que era otro Ejército.
Pero, el hombre de la paz era tan solo un pueblo, y tenía en sus manos un fusil y un mandato.
Y eran necesarios más tanques, más rencores, más bombas, más aviones, más oprobios, por que el hombre de la paz era una fortaleza.
Para matar al hombre de la paz, para golpear su frente limpia de pesadillas, tuvieron que convertirse en pesadillas.
Para vencer al hombre de la paz, tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte, matar y matar más, para seguir matando y condenarse a la blindada soledad.
Para matar al hombre que era un Pueblo, tuvieron que quedarse sin el Pueblo.
Mario Benedetti